Sin muchas pistas
El desconcierto era su único compañero, tal y como le sucedía cada vez que su vida se descuadraba, aún le sigue recordando, el médico que asistió a su madre en el parto,
_Vaya momento, hijo, a lo mejor que tenías algo de prisa,
_ vaya parto (farfullaba el hombre).
Se preparò pronto para salir rumbo a Alcaraz.
El coche disponia de navegador. Invento que gracias a todos los dioses, la abuela tampoco conoció.
Si a la tele, el aparato ese que tantas cosas dice, le pones un coche que habla.
La de las noticias hubiera salido mal parada.
No le preocupaba el camino, él era de viajar, le preocupaba la falta de información, el carecer de la vista previa.
Esto era por el paso de tiempo, que busca la cautela.
Solo duró unos minutos la filosofia interior.
_ vamos que no se diga, en peores plazas he lidiado.
Su calma le devolvió la confianza.
Sobre las 4 menos algo llegó a Alcaraz.
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