La amenidad de la charla

Entre charla amena, compartir recuerdos (cada uno los suyos), fueron de un bar, tasca.... a otro, y a uno más, los empujones de complicidad, se tornaban en peligro, un poco por la inestabilidad proveniente del amplio refrigerio, y un tanto por la descompesación entre fuerza y complicidad, esas cosas que ocurren, las alegrias o los nervios.
En estos casos un poco complicados se opta por la comicidad, y él era un tipo duvertido, recordaba, durante el paseo de vuelta al coche, el caso de pedir fuego a alguien, cuando la cortesia no està muy bien delimitada y o bien te quema las pestañas, el requerido, o te alarga el mechero y tu pones la boca esperando la llama, mientras clava tu mano en el estomago. O en las presentaciones los besos o la mano, que de resultas de ese galimatias te da un beso en la oreja, mientras la mano del otro se incrusta en el pecho de la dama, tocando quizà indebidamente. En eso andaba él, y la señora explicando teorias del nombre Tardón.

(Este no es el origen, ni la busqueda de la verdad, ni màs historias. O eso, o esta mujer ha perdido la cabeza.... iba pensando).

Llegaron al coche (conducia un sedan gris)

_ he pensado que te puedes quedar si quieres, la hora no es muy apta para viajar, y a lo mejor, el refrigerio te ha ocasionado algún desequilibrio,

Ella no entendia que los golpecitos cariñosos, también tuvieron algo que ver.

No quiso pensar mucho, y pese a no arriesgar mucho habitualmente, era màs bien precavido, en estas lides. Se quedò a pasar la noche.

En casa de la señora.

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